A través del lenguaje artístico, el maestro Ricardo Cruz
Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural
mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la
cotidianidad de nuestras costumbres sin temor a ser cuestionado. La
expresión pictórica de la que hablamos, es un reto al pensamiento, espacio,
tiempos, formas y lugares comunes.
La técnica por tanto, se imanta a la temática, es decir,
también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles, rompe los
esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser, los dedos empapados de óleo
hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas
utilizan para crear historias y efectos visuales sobre sus creaciones.
Es así como el trabajo del maestro se reitera inesperado. El
humor, la alegría y en ciertos casos la ironía, nos obligan al desapego de lo
ya conocido en cualquiera de sus contextos; aunque paradójicamente nos evoque a
la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, eso que tanto nos atrae y nos define
a través de la pertenencia.
Cruz Fuentes suele comentar que no aprendió a pintar
inspirado por alguien, al parecer prefirió no referenciar su obra con otros
artistas, únicamente decidió por iniciativa propia, dedicar su tiempo al
estudio, también de manera autoinstruida, a través de libros extraídos de
bibliotecas y documentales con los cuales se apoderó del conocimiento sobre la pintura,
el dibujo, la anatomía dinámica, la teoría del color y diversidad de técnicas.
El sello del artista entonces, se presume en las formas del
autodidacta que en el acto de aprender por uno mismo se inmersa en el mundo de
la soledad para convocar al aprendizaje y derribar los obstáculos de lo
desconocido. Así fue como logró reducir su paleta de colores al máximo, de tal
manera que sus óleos son por demás contrastantes, marca indiscutible de su
trabajo y personalidad. Visceral al conducir sus manos sobre la madera en la
que pinta, pero cauto en el detalle, Cruz Fuentes es radical, extremo y en
ocasiones testarudo, quizá por eso es que admira la visión de Picasso sobre el
arte, más no su obra, como él bien lo señala.
En este mismo sentido, Ricardo autodefine en su manufactura un
fino galanteo del impresionismo que adquiere ciertos elementos en la “hechura”
de su obra que “retrata” el momento, con el expresionismo que asume un fondo
conceptual vinculado a la reinterpretación de la escena, aunado a las emociones
y sentimientos que emanan de ella.
La evolución pictórica del maestro es incuestionable en dos
vertientes: en la temática, que evade una constante de tristezas y desánimos
quizá producto de vivencias propias del pasado y que son reemplazada por
escenarios rítmicos, frescos, y alegres; y en la técnica, que en la actualidad
se percibe ante un claro perfeccionamiento del trazo y manejo del óleo,
inclusive en las plastas y grosor que imprime en sus creaciones.
Es obvio que su continua maduración hoy presenta una factura
de calidad indiscutible, la misma que proyecta en su personalidad una vez que
nos da permiso de entrar en su mundo, el cual por cierto, es una fuente de
sensibilidad hacia familiares, amigos y toda persona que admire su obra. De
hecho no es casualidad que el artista nos conecte de manera involuntaria al
terreno de la caridad en donde él se involucra constantemente para beneficiar a
quienes se encuentran en contextos de vulnerabilidad.
Al parecer Cruz Fuentes seguirá pintando la mexicanidad
vista desde distintos ángulos, y aquellos que tengamos la oportunidad de seguir su
carrera, daremos testimonio de la tenacidad y fortaleza de un artista que
persiste en llevar muy a su estilo, el nombre de México.
Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.