sábado, 29 de diciembre de 2018

Mateo Pineda / Reflejo de una mirada


Trazos impecables que delatan obsesión, colores intensos que se degradan con una aparente facilidad nata, composiciones diversas que registran la búsqueda de un estilo propio. Así es Mateo Pineda, un precursor del arte contemporáneo que ha llegado inclusive a luchar con sus propias turbaciones mentales para alcanzar una expresión muy particular.

El gran maestro Jazzamoart lo llama el joven Van Gogh, por el aspecto físico de ese hombre pelirrojo que también lo distingue de sus colegas artistas, sin saber quizá que  Mateo guarda ciertos episodios de su vida que lo asemejan aún más al artista Holandés.

Pineda es el guardián de una historia personal atrayente, su carrera comienza en su natal Honduras, a su arribo a la Ciudad de México hace mas de 13 años se encontró con una realidad atropellada que lo incitó al combate, y ante su reconocida obcecación, pocos años más tarde encontró colocarse entre los artistas favoritos de grandes galerías y coleccionistas de nuestro país, siempre con el compromiso de evolucionar a través del colorido, técnica y perfección pictórica. El maestro es un incesante “capturador” de rostros, en donde los ojos y bocas rompen con la pincelada ya acostumbrada, por lo tanto el espectador se ve obligado a ser observado por el lienzo, a veces retándolo y otras, envolviéndolo hasta la seducción.

Paradójicamente, Pineda no conoce la paciencia, en su día a día la intolerancia es parte de su personalidad, pero una vez frente a sus lienzos el artista se transforma, a ellos les dedica el tiempo obligado para que cada línea ocupe el lugar acertado, no importando cuantas horas le soliciten. Una vez sentado frente al caballete, al lado de un mezcal y en compañía Chabela Vargas, Mateo delinea y abate delicadamente colores con un brillo y esplendor únicos. Su don incomparable para jugar con escalas de grises, blancos y negros que erran de manera arrebatada a tonalidades opuestas es un juego policromático interminable.

En la mayoría de los casos, sus lienzos descuellan la belleza del rostro humano aunque ello no se restrinja a otras temáticas, sin embargo la maestría en el conocimiento de la expresión facial y su técnica le han concedido ese sello que lo caracterizan, y que permiten en un sentido casi automático,  reconocer “un Mateo” a varios metros de distancia.

Equilibrio, calidad artística y riqueza pictórica son sólo algunos de los atributos que representan la obra de Mateo, además de esa constante búsqueda por evolucionar que a la luz de su irreparable impaciencia, somos testigos de su constante perfeccionamiento profesional.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Enero 2019.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Ricardo Cruz Fuentes o la descontextualidad de lo mexicano

RICARDO CRUZ FUENTES / DISCURSO DE OBRA


A través del lenguaje artístico, el maestro Ricardo Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de nuestras costumbres sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica de la que hablamos, es un reto al pensamiento, espacio, tiempos, formas y lugares comunes.

La técnica por tanto, se imanta a la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para crear historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

Es así como el trabajo del maestro se reitera inesperado. El humor, la alegría y en ciertos casos la ironía, nos obligan al desapego de lo ya conocido en cualquiera de sus contextos; aunque paradójicamente nos evoque a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, eso que tanto nos atrae y nos define a través de la pertenencia.

Cruz Fuentes suele comentar que no aprendió a pintar inspirado por alguien, al parecer prefirió no referenciar su obra con otros artistas, únicamente decidió por iniciativa propia, dedicar su tiempo al estudio, también de manera autoinstruida, a través de libros extraídos de bibliotecas y documentales con los cuales se apoderó del conocimiento sobre la pintura, el dibujo, la anatomía dinámica, la teoría del color y diversidad de técnicas.

El sello del artista entonces, se presume en las formas del autodidacta que en el acto de aprender por uno mismo se inmersa en el mundo de la soledad para convocar al aprendizaje y derribar los obstáculos de lo desconocido. Así fue como logró reducir su paleta de colores al máximo, de tal manera que sus óleos son por demás contrastantes, marca indiscutible de su trabajo y personalidad. Visceral al conducir sus manos sobre la madera en la que pinta, pero cauto en el detalle, Cruz Fuentes es radical, extremo y en ocasiones testarudo, quizá por eso es que admira la visión de Picasso sobre el arte, más no su obra, como él bien lo señala.

En este mismo sentido, Ricardo autodefine en su manufactura un fino galanteo del impresionismo que adquiere ciertos elementos en la “hechura” de su obra que “retrata” el momento, con el expresionismo que asume un fondo conceptual vinculado a la reinterpretación de la escena, aunado a las emociones y sentimientos que emanan de ella.

La evolución pictórica del maestro es incuestionable en dos vertientes: en la temática, que evade una constante de tristezas y desánimos quizá producto de vivencias propias del pasado y que son reemplazada por escenarios rítmicos, frescos, y alegres; y en la técnica, que en la actualidad se percibe ante un claro perfeccionamiento del trazo y manejo del óleo, inclusive en las plastas y grosor que imprime en sus creaciones.

Es obvio que su continua maduración hoy presenta una factura de calidad indiscutible, la misma que proyecta en su personalidad una vez que nos da permiso de entrar en su mundo, el cual por cierto, es una fuente de sensibilidad hacia familiares, amigos y toda persona que admire su obra. De hecho no es casualidad que el artista nos conecte de manera involuntaria al terreno de la caridad en donde él se involucra constantemente para beneficiar a quienes se encuentran en contextos de vulnerabilidad.

Al parecer Cruz Fuentes seguirá pintando la mexicanidad vista desde distintos ángulos, y aquellos que tengamos la oportunidad de seguir su carrera, daremos testimonio de la tenacidad y fortaleza de un artista que persiste en llevar muy a su estilo, el nombre de México. 

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.

lunes, 13 de agosto de 2018

Artista Ana Elisa Benavent / Textos Curatorial y de catálogo / Exposición Cicatrices


ANA ELISA BENAVENT / DISCURSO DE OBRA
Texto curatorial exposición “Cicatrices” / 6-30 septiembre 2018

Como si cada capa de fino acrílico simulara su andar, esa suave mano define un colorido que flota cadenciosamente en la faena artística que sublima un sutil contraste entre un manto y otro, sin perder aún por instantes, la narrativa de infinitas historias y conversaciones visuales que no solicitan traducción alguna, en tanto se conoce la poesía intitulada en cada una de sus obras.

A través de la manipulación del color, Ana Elisa Benavent desliza tonalidades perlinas que fluyen irracionalmente a intensidades que exigen mayor compromiso. Las diversidad de gradaciones, son para ella emociones que despliegan una gama cromática de ruidos conmovedores. Benavent se autodefine temerosa de los amarillos y verdes, ella no conoce siquiera el porqué, aun así, se atreve sigilosa de vez en cuando a liberar un par de trazos liados a estos matices casi imposible de encontrar en su paleta. No así con los rojos, morados y azules, los que por años han sido invitados de honor al caballete, amables y pacientes compañeros de dolor, sinsabores y también en otros momentos, alegrías y regocijos.

Cicatrices es la sintonía a la cual Ana Elisa Benavent se advierte determinante e invita sin esfuerzos a disfrutar de una secuencia artística en donde el color remplaza a las formas en un ritmo grácil. Con ello, la paleta y sus pinceles concilian movimientos que se traducen en huellas pertenecientes al tiempo, que si bien se disimulan ante el ojo humano a primera vista, basta sólo un par de segundos de contemplación para distinguir las distintas láminas que se desprenden y aparentan profundidades variadas.

En su obra se generan pláticas de por sí inusuales. Con talante maduro, fuerte y cautivador, Ana Elisa desea que el observador inhale, en esta muestra, la experiencia artística a través de su propio filtro, ese que no entiende de razón sino de emoción, y con ello recrear un vínculo sensorial entre ella, la obra y quien la observa.

Benavent se entiende leal, perfeccionista, perseverante y analítica, de ahí que en cada exposición pictórica dice sentirse desnuda frente a ese espejo que refleja su pasado, presente y futuro.

Mtro. Fernando Padilla.
Curador.
Agosto 2018.

viernes, 3 de agosto de 2018

Texto curatorial / Exposición Mexicanidades Descontectualizadas del maestro Ricardo Cruz Fuentes

A través del lenguaje artístico, Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de las diversas actividades culturales sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica Mexicanidades Descontextualizadas, es un reto al pensamiento, espacios, tiempos, formas y lugares comunes.


La técnica por tanto, se vuelve un espejo de la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles en cada obra, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser en el arte contemporáneo, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para erigir historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

El recorrido de esta colección es inesperado, el humor, la ironía y el desapego a lo ya conocido en cualquiera de sus contextos nos evoca paradójicamente a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, de ese factor sorpresivo que nos atrae y que por siglos nos ha definido en un mismo lenguaje y que nos da sentido de pertenencia.

En definitiva, nada es común en esta sala, ni tú, ni el artista, ni su obra. Quizá por ello se revela en esa constelación de color y alegría la identificación del artista con su obra y de ésta con su público. ¿Qué es lo común?...

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Julio 2018.

Prólogo y texto curatoriales / Aniversario 30 años de carrera artística del maestro PIRU

Hablar de José María Pérez Noriega -Piru-, es inevitablemente un referente al color. Su obra durante treinta años ha sido caracterizada por la pluralidad temática que acompaña una paleta policromática inigualable. El maestro del color, logró encontrar en su técnica una delicada evolución que se antoja a veces alegre, a veces melancólica.
 
Desde sus inicios encontró quizá su inspiración más contundente en los trabajos de Byron Gálvez, geométrico, ordenado, curioso, determinante, así también se vio seducido por los trazos de Tamayo y Botticelli. Por ello, Piru desata en cada uno de sus lienzos, inquietudes discordantes dentro de mundos imaginarios que trasportan sin más a la realidad de lo irreal, es decir, el artista logra proyectar nuestras vivencias a través de seres animados e imaginarios que coinciden paradójicamente con la cotidianidad humana.

A primera vista la obra de Piru recae en una paleta colorida y equilibrada que al detenimiento, delata madurez excepcional al compás de su marcada personalidad evidenciada por una mezcla obvia que revelan sus raíces mexicana y española.

Temperamental, sensible, incluso testarudo y a la vez hombre de gran corazón y extrema calidez, Pérez Noriega no tiene empacho en descalificarse como un artista que “pinta monitos”, a sabiendas que detrás de ello hay una enorme trayectoria y profesionalismo autodefinidos por su sencillez y dominio de lo que sabe hacer muy bien, capturar emociones en cada intervención.

El movimiento acompaña al color y la estética a su geometría, ya de por si estudiados por tantos años de experiencia. Genio en las bellas artes, conducen al colorista notas, acordes y sonidos propios de la música que imitan el vaivén de las olas en una rítmica danza, y en su discurso, poesía que con precisión matemática, enmarca sentimientos incomparables, en fin, el arte en el propio arte.

Quizá el rasgo que define mejor a Piru y a su trabajo, es la armonía que evoca inmediatamente al equilibrio casi obsesivo. Como el mismo lo ha expresado, “no descanso hasta satisfacer los caprichos de mi lienzo”.

Hoy a treinta años de carrera, Piru persiste en dejar un legado en México y en el extranjero a través de sus exposiciones. El trotamundos incansable se abrió espacios en distintos países tras tres décadas de trabajo en las que supo capitalizar su maestría artística hacia el perfeccionamiento. La obra de Piru no obliga pasaporte ni lengua específicos. Lo mismo en Alemania que en Perú, Colombia o Francia y varios países en Asia albergaron ya extraordinarias exhibiciones dentro de majestuosas salas como la Galería Nacional de Moscú, prestigiosas galerías en París o el grandioso Museo Dolores Olmedo, en la capital mexicana.  

La exposición que hoy presenta Piru en el Museo Torres Bicentenario del Estado de México, es un homenaje a la vida con todo lo que ello implica: amores, desamores, retos y metas; alegrías y tristezas, pero sobre todo, es un canto a la perseverancia y pasión por el arte. Nos colma de orgullo celebrar en este recinto sus treinta años de carrera y deseamos seguir disfrutando de su inspiración al menos por una treintena más.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Abril 2018.

jueves, 2 de agosto de 2018

Discurso sobre obra: "Las Horas" de Jorge Luna

Título: Las horas.
Artista: Jorge Luna.

Jorge Luna recurre a los globos esféricos del billar y a un tablero de damas chinas para representar “Las horas”, entendidas como una medida sexagesimal aplicada a nuestra concepción del tiempo y a la amplitud de los ángulos. Desde esta perspectiva, el paso de éste se vincula entonces a entornos circulares, manifestados de distintas maneras, una de ellas, el reloj y sus manecillas. Así mismo, la obra nos recuerda que giramos en torno a un sistema solar y por tanto, vemos que los planetas igualmente, son un referente más de que nada en el tiempo es lineal ni tiene otra figura.

“Las horas” de Jorge Luna, es una invitación al impasse del tiempo, ese que a veces parece quedarse inerte por capricho, estático y sin urgencias, y otras, busca la manera de sugerir el movimiento temporal de forma casi irracional e intempestiva, aunque ello sea únicamente a través de la percepción de quien vive el paso de cada segundo.

La constante circularidad de la obra y los nada azarosos números plasmados en bolas de billar sobre un cálido tablero nos remite a esa danza de las horas, minutos y segundos que nos apetece impredecible. Nada está escrito más que su paso por este plano, de pronto irremediable para quienes pretenden detener el tiempo sin importar la razón que ello merezca.

Mtro. Fernando Padilla
Agosto 2018