domingo, 23 de septiembre de 2018

Ricardo Cruz Fuentes o la descontextualidad de lo mexicano

RICARDO CRUZ FUENTES / DISCURSO DE OBRA


A través del lenguaje artístico, el maestro Ricardo Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de nuestras costumbres sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica de la que hablamos, es un reto al pensamiento, espacio, tiempos, formas y lugares comunes.

La técnica por tanto, se imanta a la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para crear historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

Es así como el trabajo del maestro se reitera inesperado. El humor, la alegría y en ciertos casos la ironía, nos obligan al desapego de lo ya conocido en cualquiera de sus contextos; aunque paradójicamente nos evoque a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, eso que tanto nos atrae y nos define a través de la pertenencia.

Cruz Fuentes suele comentar que no aprendió a pintar inspirado por alguien, al parecer prefirió no referenciar su obra con otros artistas, únicamente decidió por iniciativa propia, dedicar su tiempo al estudio, también de manera autoinstruida, a través de libros extraídos de bibliotecas y documentales con los cuales se apoderó del conocimiento sobre la pintura, el dibujo, la anatomía dinámica, la teoría del color y diversidad de técnicas.

El sello del artista entonces, se presume en las formas del autodidacta que en el acto de aprender por uno mismo se inmersa en el mundo de la soledad para convocar al aprendizaje y derribar los obstáculos de lo desconocido. Así fue como logró reducir su paleta de colores al máximo, de tal manera que sus óleos son por demás contrastantes, marca indiscutible de su trabajo y personalidad. Visceral al conducir sus manos sobre la madera en la que pinta, pero cauto en el detalle, Cruz Fuentes es radical, extremo y en ocasiones testarudo, quizá por eso es que admira la visión de Picasso sobre el arte, más no su obra, como él bien lo señala.

En este mismo sentido, Ricardo autodefine en su manufactura un fino galanteo del impresionismo que adquiere ciertos elementos en la “hechura” de su obra que “retrata” el momento, con el expresionismo que asume un fondo conceptual vinculado a la reinterpretación de la escena, aunado a las emociones y sentimientos que emanan de ella.

La evolución pictórica del maestro es incuestionable en dos vertientes: en la temática, que evade una constante de tristezas y desánimos quizá producto de vivencias propias del pasado y que son reemplazada por escenarios rítmicos, frescos, y alegres; y en la técnica, que en la actualidad se percibe ante un claro perfeccionamiento del trazo y manejo del óleo, inclusive en las plastas y grosor que imprime en sus creaciones.

Es obvio que su continua maduración hoy presenta una factura de calidad indiscutible, la misma que proyecta en su personalidad una vez que nos da permiso de entrar en su mundo, el cual por cierto, es una fuente de sensibilidad hacia familiares, amigos y toda persona que admire su obra. De hecho no es casualidad que el artista nos conecte de manera involuntaria al terreno de la caridad en donde él se involucra constantemente para beneficiar a quienes se encuentran en contextos de vulnerabilidad.

Al parecer Cruz Fuentes seguirá pintando la mexicanidad vista desde distintos ángulos, y aquellos que tengamos la oportunidad de seguir su carrera, daremos testimonio de la tenacidad y fortaleza de un artista que persiste en llevar muy a su estilo, el nombre de México. 

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario