lunes, 22 de junio de 2020

Concierto del Abstracto


Concierto del Abstracto

Los pinceles guardan recuerdos de melodías varias. Su padre además de legar el amor por el arte también lo hizo con la música en tanto musa que inspira al artista a replicar sobre lienzos, la belleza corpórea.

Heredera de talentos consanguíneos, Tzinnia Macías, artista de lo abstracto, desarrolló el sentido del oído para expresar su técnica. Sus obras atienden a ritmos que envuelven sus historias melódicas. El colorido trastoca sentimientos invisibles, que paradójicamente se revelan en la observante danza de formas que, impregnadas de veladuras, configuran algoritmos matemáticos de la misma manera que sucede en la composición musical.

No es casualidad que cada pintura se intitule con alguna canción con la que identifica su leyenda. El pincel es la pluma que traza las notas musicales al compás de la madera trabajada y los acrílicos, acordes que sustentan sus temas pictóricos. Por ello, cuando se contempla una obra de Tzinnia, se vuelve preciso abrir todos los sentidos y así disponerse a entablar una comunicación con esos trazos interminables elaborados con somma passione y amor por el arte.

Macías encontró “a capella” la fórmula para refinar magníficos acompañamientos cromáticos que definen su temperamento. La pulcritud de su trabajo es otra de sus virtudes; cada creación pasa por un proceso de disciplina que debe compensar con rigurosa satisfacción las exigencias personales.

Por otro lado, la artista también se divierte en el vaivén de la pintura sobre el madero. Cualquiera que conozca sus procesos, sabrá que Tzinnia dispone de una técnica en la que destaca decenas de milimétricas veladuras a veces impregnadas por un pincel, a veces por el jugueteo del acrílico que se mece en cadenza al movimiento manual intencionalmente provocado.

El abstraccionismo de Macías no se limita en colores, su personalidad refleja perfectamente las pocas limitaciones que tiene para hacer de sus obras una diversidad inimaginable de composiciones, en su producción encontramos grandeza de tonalidades acompañadas de texturas escrupulosamente cuidadas con el fin de proyectar la calidad que busca y que ha avivado la atención de críticos y amantes del arte.

En suma, música, luz, composición, textura y color son algunos de los adjetivos que definen el trabajo de Tzinnia Macías, en un contexto evolutivo constante que se antoja vigente ante el paso de los años, sin dificultad alguna.


Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Junio 2020.

lunes, 10 de febrero de 2020

Algunas consideraciones sobre la gestión del arte en México.



La gestión del arte como actividad profesional, aún se encuentra en una fase embrionaria en nuestro país, que si bien, no exige un conocimiento profundo de la historia del arte, sí está estrechamente vinculada, por lo que se sugiere la constante preparación e investigación sobre ella para aquel interesado en ingresar a este entorno. Cabe señalar que países como Colombia, Argentina y Estados Unidos, nos llevan años de adelanto en actividades relacionadas a la museografía, curaduría y demás temas que se relacionan a los quehaceres del gestor.

A pesar de ello, la gestión del arte no es una actividad reciente, simplemente no se había nombrado de esa manera sino hasta el siglo pasado. Desde el siglo XVI los nobles y la Iglesia dejaban a personas el encargo y cuidado de sus obras, quienes al lado de los artistas se dedicaban a conservarlas y colocarlas en los lugares propicios para el disfrute personal de sus patronos.

Posteriormente, con la existencia de los museos, se hizo necesaria la presencia de personal encargado del cuidado y exhibición de objetos expositivos u obras de arte. Este proceso ha exigido una serie de transformaciones en donde también la tecnología ha sido parte del esquema.

En nuestros días, dada la imperiosa necesidad de ciertos grupos por diversificar el arte y popularizarlo en museos, galerías y espacios públicos, estos se han convertido en un área de oportunidad para aquellos que gestionan el arte. Las ciudades enteras se han trasformado en grandes sitios de promoción y difusión públicos que además de acercar a la gente al mundo del arte, difunden el conocimiento de manera gratuita, bastaría mencionar las exposiciones que se observan en parques y avenidas principales de grandes ciudades en donde los curadores no necesariamente precisaron estudios estrictos en historia del arte, pero que sí han explorado sobre ella para lograr la armonía y lógica expositiva inclusive, en estas zonas.

Por lo tanto, es importante señalar que la gestión del arte consiste en desplegar habilidades que en general todos podemos desarrollar, incluso dentro de nuestros propios ambientes de trabajo y que no necesariamente están vinculados al arte. Evidentemente una vez que se conocen los principios de ésta, habrá que prepararse y relacionar nuestras actividades con el conocimiento nuevo, que como se mencionó anteriormente, implica estudio diario para la “masterización” de habilidades.

Una de las grandes destrezas que indiscutiblemente debe desarrollar el gestor de arte es la imaginación y creación, no basta recrear, también es importante adecuarse a los tiempos y necesidades de la esfera en donde se lleva a cabo la actividad. En este sentido es primordial diferenciar el lugar o país en el que estamos trabajando para difundir o vender arte. Para ello debemos conocer los usos y costumbres del lugar en cuestión, para lograr un trabajo exitoso y de impacto para las distintas sociedades.

Dicho lo anterior, estamos en un momento en donde la gestión del arte es un campo aún explorable con áreas de oportunidad inmensas difíciles de desaprovechar para aquellos que se sienten atraídos por el arte y sus actividades adyacentes.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Febrero 2020.

jueves, 16 de enero de 2020

Texto Curatorial / Memorias de una Línea / Francisco Diego y Elisa Salas


EXPOSICIÓN MEMORIAS DE UNA LÍNEA
Elisa Salas y Francisco Diego. 
Museo Galería Torre del Reloj.

Memorias de una línea es el encuentro de dos artistas que ejecutan esencialmente y de manera intrínseca, estrías del alfabeto dentro de su obra. Elisa echa mano de la caligrafía para disponer composición a su trabajo, en donde además de moldear formas visuales logra transmitir emociones auténticas al puro estilo del Intimismo francés. Representando ya de por sí, encuentros y desencuentros cotidianos entre los seres humanos quienes usamos sortear temas ineludibles como la soledad, el desamor y la fe.

Francisco, por su parte, utiliza esos trazos para cortejar su obra. Cada poema que cifra es compañero obligatorio de su arte. La obra comienza de forma irremediable con párrafos que describen las pasiones del artista, y una vez terminados, se impone ante el papel para bocetar aquello que terminará también siendo un camino entrelazado de finas líneas.

Los caligramas de Salas responden al futuro del pasado, pues acarician los sueños de los poetas malditos y la poesía visual del siglo XX, cuyo principio podría haber sido el darle a la palabra un lugar en el espacio que pudiera pesarse y analizarse con maneras rítmicas y materiales.

Los caligramas de Diego se leen en las rasgos de los personajes que los sustentan, en todo caso sutil, en cada expresión hay inexpresividad, lo que convierte a sus bronces en enigmas por resolver o en representaciones que no corresponden a la razón sino al corazón.

En definitiva, memorias de una línea contempla el trabajo sistemático de dos creadores que no han bastado su misión en el trazo del pincel sino que han profundizado en lo más hondo y básico del lenguaje para comunicar todo aquello que custodia su obra.

Después de todo, ¿Cómo podría haber caligrafía sin orden o principio lineal?

 Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Diciembre 2019.