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miércoles, 23 de febrero de 2022

Texto curatorial / La lotería, poesía popular / Exposición Ahmed Montes / Museo de los Conspiradores

 

LA LOTERÍA, POESÍA POPULAR.

TEXTO CURATORIAL.

 

Poesía costumbrista en medio de la turbulencia y la ansiedad. El romancero somete al azar 54 objetos y personajes atrapados en trozos de cartón que provocan sobresaltos incesantes para aquellos que se internan en la ludicidad temporal del juego. ¡El catrín!

 

Nadie rinde crítica a las siluetas de la baraja. Los contendientes omiten ello sin estorbo, es quizá la concentración y el cantar de las imágenes lo que invoca importancia, aún sobre aquellos que se limitan a observar. La meta es alcanzar la coincidencia casi mágica, entre el tablero -que también, al azar, es seleccionado por el jugador- y las cartas que amenazantes, se despliegan segundo a segundo al ritmo del juglar. ¡La sirena!

 

Ahmed Montes recurre a su talento para recrear la historia a través de la exposición “La lotería, poesía popular”, al trastocar la temporalidad que se prodiga en la Italia del sigo XV y que, tras años de expansión europea, el juego y sus cantos poéticos se adaptan a nuestro entorno en el XVIII, para convertirse así, en parte de los usos y costumbres mexicanos. ¡El mundo!

 

En cada lienzo, el maestro Montes, apuesta por lo nuestro, por las tradiciones y sus anécdotas; por el canto de quienes, mediante el lenguaje lúdico, crearon versos y se convirtieron en poetas aficionados. Su objetivo es hasta la saciedad, elevar reconocimiento a las prácticas populares en un medio hoy permeado por la sustitución tecnológica. En resumen, “La lotería, poesía popular”, es un homenaje al folclor de México y su sincretismo. ¡El valiente!

 

Dejémonos llevar por ¡La dama!, ¡Las canicas!, ¡El balero!, ¡La churumbela! y la abundante lírica que esconde la baraja.

 

¡El Museo… lotería!

 

Mtro. Fernando Padilla

Curador

Marzo 2022

martes, 7 de septiembre de 2021

Texto Curatorial / Ages of my chords

 

AGES OF MY CHORDS.

Acordes invasivos al orden visual, mensajes de euritmia carentes de espacio, sonoridad al color que confiesan experiencias. Tzinnia Macías captura sus vivencias a través de un lenguaje proveniente de la expresión abstracta, inspiradas en la música y la naturaleza. El flujo melódico de la autora termina por sembrar en el observante, infinidad de preguntas a veces sin respuesta, a veces inquietante.

Macías se resiste a la imperfección en su trabajo, cada obra está finamente bregada con el ánimo de sentar comunicación en una triada entre su lienzo, el tiempo y persona.

El ritual es creado a partir de soledades subyacentes de sus memorias y un tanto más, de esa nostalgia que suele distinguir a los artistas, al mismo tiempo que la melomanía alcanza los acrílicos rebosantes del vacuo infinito de luces, sombras y colores.

Orquesta de sentimientos y emociones encienden el escenario de AGES OF MY CHORDS, una oda a la vida que sugiere en un complot de texturas, mensajes visuales en el andar de Tzinnia, durante ya varias décadas.

Talento convertido en poesía, polifonía que trasgrede intervalos, graves y agudos articulados en materia.



Mtro. Fernando Padilla

Curador

Agosto 2021

jueves, 16 de enero de 2020

Texto Curatorial / Memorias de una Línea / Francisco Diego y Elisa Salas


EXPOSICIÓN MEMORIAS DE UNA LÍNEA
Elisa Salas y Francisco Diego. 
Museo Galería Torre del Reloj.

Memorias de una línea es el encuentro de dos artistas que ejecutan esencialmente y de manera intrínseca, estrías del alfabeto dentro de su obra. Elisa echa mano de la caligrafía para disponer composición a su trabajo, en donde además de moldear formas visuales logra transmitir emociones auténticas al puro estilo del Intimismo francés. Representando ya de por sí, encuentros y desencuentros cotidianos entre los seres humanos quienes usamos sortear temas ineludibles como la soledad, el desamor y la fe.

Francisco, por su parte, utiliza esos trazos para cortejar su obra. Cada poema que cifra es compañero obligatorio de su arte. La obra comienza de forma irremediable con párrafos que describen las pasiones del artista, y una vez terminados, se impone ante el papel para bocetar aquello que terminará también siendo un camino entrelazado de finas líneas.

Los caligramas de Salas responden al futuro del pasado, pues acarician los sueños de los poetas malditos y la poesía visual del siglo XX, cuyo principio podría haber sido el darle a la palabra un lugar en el espacio que pudiera pesarse y analizarse con maneras rítmicas y materiales.

Los caligramas de Diego se leen en las rasgos de los personajes que los sustentan, en todo caso sutil, en cada expresión hay inexpresividad, lo que convierte a sus bronces en enigmas por resolver o en representaciones que no corresponden a la razón sino al corazón.

En definitiva, memorias de una línea contempla el trabajo sistemático de dos creadores que no han bastado su misión en el trazo del pincel sino que han profundizado en lo más hondo y básico del lenguaje para comunicar todo aquello que custodia su obra.

Después de todo, ¿Cómo podría haber caligrafía sin orden o principio lineal?

 Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Diciembre 2019.

lunes, 28 de octubre de 2019

Seducción pictórica en la obra de Ahmed Montes


Sencillo, tenaz, de condición infatigable. Con personalidad reservada y ciertas tinturas seductoras que aun sin propósito, las transpira al reflejarse él mismo en el espejo de sus lienzos. De temperamento ilegible, siempre sonriente y optimista, emerge de su trabajo una ofrenda a vivos y muertos, bajo la técnica al temple tan estudiada por su maestro Luis Nishizawa.

Ahmed parecería no significar ni sus propios recuerdos, el pasado inmediato le resulta intrascendente, opta por abrazar al presente, no así en la temática de su obra en donde ahí, concreta la tradición de sus ancestros, en ese pasado ya estudiado por años y que recrea con una fidelidad extraordinaria.

De igual forma, Ahmed Montes posee un conocimiento profundo del cuerpo humano, particularmente el femenino. Al respecto, se antoja a veces obsesiva su mira por perfeccionarlo cada vez que salpica el lienzo, y de la mano, también el erotismo que se convierte en parte de su nomenclatura temática.

Sus habilidades pictóricas lo han llevado a obtener la admiración de reconocidos artistas. El maestro Benjamín Domínguez avistó en Ahmed una capacidad de traducir la luz en finos rayos que prometen volumen y textura. De ahí que su obra es cuidadosamente trabajada bajo intensidades lumínicas excepcionales.

El maestro Montes hurga en la cromaticidad sin vergüenzas, igual transita del color radiante que a los grises en claroscuros sobre un realismo aproximado a la perfección, recurrentemente bajo el uso de diversas técnicas, que peregrinan por la alquimia y se detienen en aquellas que la modernidad hoy induce.

Montes es un apasionado de los lienzos pero más aún, un amante empedernido de los muros. Se le suele ver sobre andamios por eternas madrugadas, desfigurado por la intensidad de la luz favorecida por focos incandescentes, al tiempo que sorbe calmo su tibio café que lo mantiene despabilado y atento a cada uno de sus trazos.

Ahmed Montes no es un artista creado, es un verdadero creador comprometido con su pasión, quien además despliega identidad nata. Indiscutiblemente, el maestro, concentra el don que lo acompaña para el disfrute de sus admiradores, de una manera auténtica, sin pretensiones extremas ni egolatrías mal infundadas, inclusive, Ahmed suele sonrojarse ante la adulación de su persona o de su prodigioso trabajo.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Octubre 2019.

martes, 16 de julio de 2019

Texto curatorial / Exposición Dulce Bilis del artista Francisco Diego


Texto curatorial, Exposición "Dulce Bilis" del artista Francisco Diego.
Museo de los Conspiradores.

Del 5 de julio al 25 de agosto del 2019 / Querétaro. Qro.



Dulce Bilis es el resultado de la búsqueda del ser auténtico. Es la provocación de la anomalía. Es decir, aquello que generamos unos sobre otros al romper las reglas y estándares de lo que parece normal o lo que obliga al deber ser. La autenticidad de lo hecho que antoja sensaciones de incomodidad y que nos precisa a salir inevitablemente de zonas de bienestar. 

Aquello con lo que nos identificamos, eso que quizá  se adjetiva normal y que enardece al otro. Es la ira causada por acciones o pensamientos que no coinciden con los demás.
Acciones normales en las escalas de valores de unos que desconciertan a otros que habitan el mundo regido por la sublimación de lo socialmente inexcusable.

Así es Dulce Bilis, la contradicción de la frase misma, la dulzura del elixir amargo transformado en el placer que se dispara en el instante que surge a la respuesta de la otredad que pertenece a la falsedad de lo aprendido. 

Francisco Diego representa en su obra la complejidad emocional de esos instantes mediante líneas que no se borran, cuestionando así el sentido de bondad o maldad que descansa un sentimiento, ausente de rasgos y carente de una edad específica basado en elementos corporales ajenos que denotan la atemporalidad de las pasiones,  ideas e ideales.

Mtro. Fernando Padilla.
Curador.
Julio 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Exposición El lienzo y el tiempo / Museo del telégrafo


EL LIENZO Y EL TIEMPO / EXPOSICIÓN TEMPORAL / MUSEO DEL TELÉGRAFO

Del 25 de abril al 26 de mayo, 2019.

Abanicos, sombreros y lienzos revisten la majestuosidad del Museo del Telégrafo en cada intervención cuidadosamente trabajada con el fin de liberar un cúmulo de sensaciones inconmensurables.

EL LIENZO Y EL TIEMPO es una muestra sin par. El exquisito entramado de las obras que la componen, extiende su vínculo una detrás de la otra, como eslabones engarzados que forman una cadena de mensajes dirigidos al espectador itinerante.

Los objetos cuidadosamente intervenidos, son un deleite visual que custodian a su lienzo. El sombrero, despliega su ala que coquetea al ritmo del seductor abanico. Ambos fascinan, uno al otro. El primero exhibe su colorido en la espera de arrebatar la atención del segundo.

La rítmica compañía de las intervenciones nos recuerdan aquellos tiempos en los que la gente, a la vieja usanza, portaba como símbolo de elegancia, galanura e incluso flirteo, sombreros y abanicos que atraían la mirada constante de los gentíos.

Ambos, capelo y flabelo, que coinciden con la temporalidad, paradójicamente han transitado hacia la atemporalidad. La frescura intrínseca del abanico en su movimiento constante y el arrojo del sombrero delicadamente estático pertenecen sólo al momento que los reúne, para procurar un soplo de añoranza que hoy pretende asomarse a través del LIENZO Y EL TIEMPO.

El gran vigía de esta puesta es el tiempo mismo, testigo del encuentro entre tres cuerpos que en el absurdo de la inercia dan vida al movimiento, al que tantas veces Dalí evidenció en sus obras. EL LIENZO Y EL TIEMPO es una exposición presumida, altiva y  confiada; sin dudas, escasa de temores. Es un reconocimiento a la elegancia y distinción de quien se deja llevar por su cálida secuencia.

Mtro. Fernando Padilla
Curador y Muséografo
Mayo 2019

sábado, 29 de diciembre de 2018

Mateo Pineda / Reflejo de una mirada


Trazos impecables que delatan obsesión, colores intensos que se degradan con una aparente facilidad nata, composiciones diversas que registran la búsqueda de un estilo propio. Así es Mateo Pineda, un precursor del arte contemporáneo que ha llegado inclusive a luchar con sus propias turbaciones mentales para alcanzar una expresión muy particular.

El gran maestro Jazzamoart lo llama el joven Van Gogh, por el aspecto físico de ese hombre pelirrojo que también lo distingue de sus colegas artistas, sin saber quizá que  Mateo guarda ciertos episodios de su vida que lo asemejan aún más al artista Holandés.

Pineda es el guardián de una historia personal atrayente, su carrera comienza en su natal Honduras, a su arribo a la Ciudad de México hace mas de 13 años se encontró con una realidad atropellada que lo incitó al combate, y ante su reconocida obcecación, pocos años más tarde encontró colocarse entre los artistas favoritos de grandes galerías y coleccionistas de nuestro país, siempre con el compromiso de evolucionar a través del colorido, técnica y perfección pictórica. El maestro es un incesante “capturador” de rostros, en donde los ojos y bocas rompen con la pincelada ya acostumbrada, por lo tanto el espectador se ve obligado a ser observado por el lienzo, a veces retándolo y otras, envolviéndolo hasta la seducción.

Paradójicamente, Pineda no conoce la paciencia, en su día a día la intolerancia es parte de su personalidad, pero una vez frente a sus lienzos el artista se transforma, a ellos les dedica el tiempo obligado para que cada línea ocupe el lugar acertado, no importando cuantas horas le soliciten. Una vez sentado frente al caballete, al lado de un mezcal y en compañía Chabela Vargas, Mateo delinea y abate delicadamente colores con un brillo y esplendor únicos. Su don incomparable para jugar con escalas de grises, blancos y negros que erran de manera arrebatada a tonalidades opuestas es un juego policromático interminable.

En la mayoría de los casos, sus lienzos descuellan la belleza del rostro humano aunque ello no se restrinja a otras temáticas, sin embargo la maestría en el conocimiento de la expresión facial y su técnica le han concedido ese sello que lo caracterizan, y que permiten en un sentido casi automático,  reconocer “un Mateo” a varios metros de distancia.

Equilibrio, calidad artística y riqueza pictórica son sólo algunos de los atributos que representan la obra de Mateo, además de esa constante búsqueda por evolucionar que a la luz de su irreparable impaciencia, somos testigos de su constante perfeccionamiento profesional.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Enero 2019.