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martes, 7 de septiembre de 2021

Texto Curatorial / Ages of my chords

 

AGES OF MY CHORDS.

Acordes invasivos al orden visual, mensajes de euritmia carentes de espacio, sonoridad al color que confiesan experiencias. Tzinnia Macías captura sus vivencias a través de un lenguaje proveniente de la expresión abstracta, inspiradas en la música y la naturaleza. El flujo melódico de la autora termina por sembrar en el observante, infinidad de preguntas a veces sin respuesta, a veces inquietante.

Macías se resiste a la imperfección en su trabajo, cada obra está finamente bregada con el ánimo de sentar comunicación en una triada entre su lienzo, el tiempo y persona.

El ritual es creado a partir de soledades subyacentes de sus memorias y un tanto más, de esa nostalgia que suele distinguir a los artistas, al mismo tiempo que la melomanía alcanza los acrílicos rebosantes del vacuo infinito de luces, sombras y colores.

Orquesta de sentimientos y emociones encienden el escenario de AGES OF MY CHORDS, una oda a la vida que sugiere en un complot de texturas, mensajes visuales en el andar de Tzinnia, durante ya varias décadas.

Talento convertido en poesía, polifonía que trasgrede intervalos, graves y agudos articulados en materia.



Mtro. Fernando Padilla

Curador

Agosto 2021

lunes, 10 de febrero de 2020

Algunas consideraciones sobre la gestión del arte en México.



La gestión del arte como actividad profesional, aún se encuentra en una fase embrionaria en nuestro país, que si bien, no exige un conocimiento profundo de la historia del arte, sí está estrechamente vinculada, por lo que se sugiere la constante preparación e investigación sobre ella para aquel interesado en ingresar a este entorno. Cabe señalar que países como Colombia, Argentina y Estados Unidos, nos llevan años de adelanto en actividades relacionadas a la museografía, curaduría y demás temas que se relacionan a los quehaceres del gestor.

A pesar de ello, la gestión del arte no es una actividad reciente, simplemente no se había nombrado de esa manera sino hasta el siglo pasado. Desde el siglo XVI los nobles y la Iglesia dejaban a personas el encargo y cuidado de sus obras, quienes al lado de los artistas se dedicaban a conservarlas y colocarlas en los lugares propicios para el disfrute personal de sus patronos.

Posteriormente, con la existencia de los museos, se hizo necesaria la presencia de personal encargado del cuidado y exhibición de objetos expositivos u obras de arte. Este proceso ha exigido una serie de transformaciones en donde también la tecnología ha sido parte del esquema.

En nuestros días, dada la imperiosa necesidad de ciertos grupos por diversificar el arte y popularizarlo en museos, galerías y espacios públicos, estos se han convertido en un área de oportunidad para aquellos que gestionan el arte. Las ciudades enteras se han trasformado en grandes sitios de promoción y difusión públicos que además de acercar a la gente al mundo del arte, difunden el conocimiento de manera gratuita, bastaría mencionar las exposiciones que se observan en parques y avenidas principales de grandes ciudades en donde los curadores no necesariamente precisaron estudios estrictos en historia del arte, pero que sí han explorado sobre ella para lograr la armonía y lógica expositiva inclusive, en estas zonas.

Por lo tanto, es importante señalar que la gestión del arte consiste en desplegar habilidades que en general todos podemos desarrollar, incluso dentro de nuestros propios ambientes de trabajo y que no necesariamente están vinculados al arte. Evidentemente una vez que se conocen los principios de ésta, habrá que prepararse y relacionar nuestras actividades con el conocimiento nuevo, que como se mencionó anteriormente, implica estudio diario para la “masterización” de habilidades.

Una de las grandes destrezas que indiscutiblemente debe desarrollar el gestor de arte es la imaginación y creación, no basta recrear, también es importante adecuarse a los tiempos y necesidades de la esfera en donde se lleva a cabo la actividad. En este sentido es primordial diferenciar el lugar o país en el que estamos trabajando para difundir o vender arte. Para ello debemos conocer los usos y costumbres del lugar en cuestión, para lograr un trabajo exitoso y de impacto para las distintas sociedades.

Dicho lo anterior, estamos en un momento en donde la gestión del arte es un campo aún explorable con áreas de oportunidad inmensas difíciles de desaprovechar para aquellos que se sienten atraídos por el arte y sus actividades adyacentes.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Febrero 2020.

jueves, 16 de enero de 2020

Texto Curatorial / Memorias de una Línea / Francisco Diego y Elisa Salas


EXPOSICIÓN MEMORIAS DE UNA LÍNEA
Elisa Salas y Francisco Diego. 
Museo Galería Torre del Reloj.

Memorias de una línea es el encuentro de dos artistas que ejecutan esencialmente y de manera intrínseca, estrías del alfabeto dentro de su obra. Elisa echa mano de la caligrafía para disponer composición a su trabajo, en donde además de moldear formas visuales logra transmitir emociones auténticas al puro estilo del Intimismo francés. Representando ya de por sí, encuentros y desencuentros cotidianos entre los seres humanos quienes usamos sortear temas ineludibles como la soledad, el desamor y la fe.

Francisco, por su parte, utiliza esos trazos para cortejar su obra. Cada poema que cifra es compañero obligatorio de su arte. La obra comienza de forma irremediable con párrafos que describen las pasiones del artista, y una vez terminados, se impone ante el papel para bocetar aquello que terminará también siendo un camino entrelazado de finas líneas.

Los caligramas de Salas responden al futuro del pasado, pues acarician los sueños de los poetas malditos y la poesía visual del siglo XX, cuyo principio podría haber sido el darle a la palabra un lugar en el espacio que pudiera pesarse y analizarse con maneras rítmicas y materiales.

Los caligramas de Diego se leen en las rasgos de los personajes que los sustentan, en todo caso sutil, en cada expresión hay inexpresividad, lo que convierte a sus bronces en enigmas por resolver o en representaciones que no corresponden a la razón sino al corazón.

En definitiva, memorias de una línea contempla el trabajo sistemático de dos creadores que no han bastado su misión en el trazo del pincel sino que han profundizado en lo más hondo y básico del lenguaje para comunicar todo aquello que custodia su obra.

Después de todo, ¿Cómo podría haber caligrafía sin orden o principio lineal?

 Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Diciembre 2019.

lunes, 28 de octubre de 2019

Seducción pictórica en la obra de Ahmed Montes


Sencillo, tenaz, de condición infatigable. Con personalidad reservada y ciertas tinturas seductoras que aun sin propósito, las transpira al reflejarse él mismo en el espejo de sus lienzos. De temperamento ilegible, siempre sonriente y optimista, emerge de su trabajo una ofrenda a vivos y muertos, bajo la técnica al temple tan estudiada por su maestro Luis Nishizawa.

Ahmed parecería no significar ni sus propios recuerdos, el pasado inmediato le resulta intrascendente, opta por abrazar al presente, no así en la temática de su obra en donde ahí, concreta la tradición de sus ancestros, en ese pasado ya estudiado por años y que recrea con una fidelidad extraordinaria.

De igual forma, Ahmed Montes posee un conocimiento profundo del cuerpo humano, particularmente el femenino. Al respecto, se antoja a veces obsesiva su mira por perfeccionarlo cada vez que salpica el lienzo, y de la mano, también el erotismo que se convierte en parte de su nomenclatura temática.

Sus habilidades pictóricas lo han llevado a obtener la admiración de reconocidos artistas. El maestro Benjamín Domínguez avistó en Ahmed una capacidad de traducir la luz en finos rayos que prometen volumen y textura. De ahí que su obra es cuidadosamente trabajada bajo intensidades lumínicas excepcionales.

El maestro Montes hurga en la cromaticidad sin vergüenzas, igual transita del color radiante que a los grises en claroscuros sobre un realismo aproximado a la perfección, recurrentemente bajo el uso de diversas técnicas, que peregrinan por la alquimia y se detienen en aquellas que la modernidad hoy induce.

Montes es un apasionado de los lienzos pero más aún, un amante empedernido de los muros. Se le suele ver sobre andamios por eternas madrugadas, desfigurado por la intensidad de la luz favorecida por focos incandescentes, al tiempo que sorbe calmo su tibio café que lo mantiene despabilado y atento a cada uno de sus trazos.

Ahmed Montes no es un artista creado, es un verdadero creador comprometido con su pasión, quien además despliega identidad nata. Indiscutiblemente, el maestro, concentra el don que lo acompaña para el disfrute de sus admiradores, de una manera auténtica, sin pretensiones extremas ni egolatrías mal infundadas, inclusive, Ahmed suele sonrojarse ante la adulación de su persona o de su prodigioso trabajo.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Octubre 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Exposición El lienzo y el tiempo / Museo del telégrafo


EL LIENZO Y EL TIEMPO / EXPOSICIÓN TEMPORAL / MUSEO DEL TELÉGRAFO

Del 25 de abril al 26 de mayo, 2019.

Abanicos, sombreros y lienzos revisten la majestuosidad del Museo del Telégrafo en cada intervención cuidadosamente trabajada con el fin de liberar un cúmulo de sensaciones inconmensurables.

EL LIENZO Y EL TIEMPO es una muestra sin par. El exquisito entramado de las obras que la componen, extiende su vínculo una detrás de la otra, como eslabones engarzados que forman una cadena de mensajes dirigidos al espectador itinerante.

Los objetos cuidadosamente intervenidos, son un deleite visual que custodian a su lienzo. El sombrero, despliega su ala que coquetea al ritmo del seductor abanico. Ambos fascinan, uno al otro. El primero exhibe su colorido en la espera de arrebatar la atención del segundo.

La rítmica compañía de las intervenciones nos recuerdan aquellos tiempos en los que la gente, a la vieja usanza, portaba como símbolo de elegancia, galanura e incluso flirteo, sombreros y abanicos que atraían la mirada constante de los gentíos.

Ambos, capelo y flabelo, que coinciden con la temporalidad, paradójicamente han transitado hacia la atemporalidad. La frescura intrínseca del abanico en su movimiento constante y el arrojo del sombrero delicadamente estático pertenecen sólo al momento que los reúne, para procurar un soplo de añoranza que hoy pretende asomarse a través del LIENZO Y EL TIEMPO.

El gran vigía de esta puesta es el tiempo mismo, testigo del encuentro entre tres cuerpos que en el absurdo de la inercia dan vida al movimiento, al que tantas veces Dalí evidenció en sus obras. EL LIENZO Y EL TIEMPO es una exposición presumida, altiva y  confiada; sin dudas, escasa de temores. Es un reconocimiento a la elegancia y distinción de quien se deja llevar por su cálida secuencia.

Mtro. Fernando Padilla
Curador y Muséografo
Mayo 2019

sábado, 29 de diciembre de 2018

Mateo Pineda / Reflejo de una mirada


Trazos impecables que delatan obsesión, colores intensos que se degradan con una aparente facilidad nata, composiciones diversas que registran la búsqueda de un estilo propio. Así es Mateo Pineda, un precursor del arte contemporáneo que ha llegado inclusive a luchar con sus propias turbaciones mentales para alcanzar una expresión muy particular.

El gran maestro Jazzamoart lo llama el joven Van Gogh, por el aspecto físico de ese hombre pelirrojo que también lo distingue de sus colegas artistas, sin saber quizá que  Mateo guarda ciertos episodios de su vida que lo asemejan aún más al artista Holandés.

Pineda es el guardián de una historia personal atrayente, su carrera comienza en su natal Honduras, a su arribo a la Ciudad de México hace mas de 13 años se encontró con una realidad atropellada que lo incitó al combate, y ante su reconocida obcecación, pocos años más tarde encontró colocarse entre los artistas favoritos de grandes galerías y coleccionistas de nuestro país, siempre con el compromiso de evolucionar a través del colorido, técnica y perfección pictórica. El maestro es un incesante “capturador” de rostros, en donde los ojos y bocas rompen con la pincelada ya acostumbrada, por lo tanto el espectador se ve obligado a ser observado por el lienzo, a veces retándolo y otras, envolviéndolo hasta la seducción.

Paradójicamente, Pineda no conoce la paciencia, en su día a día la intolerancia es parte de su personalidad, pero una vez frente a sus lienzos el artista se transforma, a ellos les dedica el tiempo obligado para que cada línea ocupe el lugar acertado, no importando cuantas horas le soliciten. Una vez sentado frente al caballete, al lado de un mezcal y en compañía Chabela Vargas, Mateo delinea y abate delicadamente colores con un brillo y esplendor únicos. Su don incomparable para jugar con escalas de grises, blancos y negros que erran de manera arrebatada a tonalidades opuestas es un juego policromático interminable.

En la mayoría de los casos, sus lienzos descuellan la belleza del rostro humano aunque ello no se restrinja a otras temáticas, sin embargo la maestría en el conocimiento de la expresión facial y su técnica le han concedido ese sello que lo caracterizan, y que permiten en un sentido casi automático,  reconocer “un Mateo” a varios metros de distancia.

Equilibrio, calidad artística y riqueza pictórica son sólo algunos de los atributos que representan la obra de Mateo, además de esa constante búsqueda por evolucionar que a la luz de su irreparable impaciencia, somos testigos de su constante perfeccionamiento profesional.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Enero 2019.