lunes, 28 de octubre de 2019

Seducción pictórica en la obra de Ahmed Montes


Sencillo, tenaz, de condición infatigable. Con personalidad reservada y ciertas tinturas seductoras que aun sin propósito, las transpira al reflejarse él mismo en el espejo de sus lienzos. De temperamento ilegible, siempre sonriente y optimista, emerge de su trabajo una ofrenda a vivos y muertos, bajo la técnica al temple tan estudiada por su maestro Luis Nishizawa.

Ahmed parecería no significar ni sus propios recuerdos, el pasado inmediato le resulta intrascendente, opta por abrazar al presente, no así en la temática de su obra en donde ahí, concreta la tradición de sus ancestros, en ese pasado ya estudiado por años y que recrea con una fidelidad extraordinaria.

De igual forma, Ahmed Montes posee un conocimiento profundo del cuerpo humano, particularmente el femenino. Al respecto, se antoja a veces obsesiva su mira por perfeccionarlo cada vez que salpica el lienzo, y de la mano, también el erotismo que se convierte en parte de su nomenclatura temática.

Sus habilidades pictóricas lo han llevado a obtener la admiración de reconocidos artistas. El maestro Benjamín Domínguez avistó en Ahmed una capacidad de traducir la luz en finos rayos que prometen volumen y textura. De ahí que su obra es cuidadosamente trabajada bajo intensidades lumínicas excepcionales.

El maestro Montes hurga en la cromaticidad sin vergüenzas, igual transita del color radiante que a los grises en claroscuros sobre un realismo aproximado a la perfección, recurrentemente bajo el uso de diversas técnicas, que peregrinan por la alquimia y se detienen en aquellas que la modernidad hoy induce.

Montes es un apasionado de los lienzos pero más aún, un amante empedernido de los muros. Se le suele ver sobre andamios por eternas madrugadas, desfigurado por la intensidad de la luz favorecida por focos incandescentes, al tiempo que sorbe calmo su tibio café que lo mantiene despabilado y atento a cada uno de sus trazos.

Ahmed Montes no es un artista creado, es un verdadero creador comprometido con su pasión, quien además despliega identidad nata. Indiscutiblemente, el maestro, concentra el don que lo acompaña para el disfrute de sus admiradores, de una manera auténtica, sin pretensiones extremas ni egolatrías mal infundadas, inclusive, Ahmed suele sonrojarse ante la adulación de su persona o de su prodigioso trabajo.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Octubre 2019.

martes, 16 de julio de 2019

Texto curatorial / Exposición Dulce Bilis del artista Francisco Diego


Texto curatorial, Exposición "Dulce Bilis" del artista Francisco Diego.
Museo de los Conspiradores.

Del 5 de julio al 25 de agosto del 2019 / Querétaro. Qro.



Dulce Bilis es el resultado de la búsqueda del ser auténtico. Es la provocación de la anomalía. Es decir, aquello que generamos unos sobre otros al romper las reglas y estándares de lo que parece normal o lo que obliga al deber ser. La autenticidad de lo hecho que antoja sensaciones de incomodidad y que nos precisa a salir inevitablemente de zonas de bienestar. 

Aquello con lo que nos identificamos, eso que quizá  se adjetiva normal y que enardece al otro. Es la ira causada por acciones o pensamientos que no coinciden con los demás.
Acciones normales en las escalas de valores de unos que desconciertan a otros que habitan el mundo regido por la sublimación de lo socialmente inexcusable.

Así es Dulce Bilis, la contradicción de la frase misma, la dulzura del elixir amargo transformado en el placer que se dispara en el instante que surge a la respuesta de la otredad que pertenece a la falsedad de lo aprendido. 

Francisco Diego representa en su obra la complejidad emocional de esos instantes mediante líneas que no se borran, cuestionando así el sentido de bondad o maldad que descansa un sentimiento, ausente de rasgos y carente de una edad específica basado en elementos corporales ajenos que denotan la atemporalidad de las pasiones,  ideas e ideales.

Mtro. Fernando Padilla.
Curador.
Julio 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Exposición El lienzo y el tiempo / Museo del telégrafo


EL LIENZO Y EL TIEMPO / EXPOSICIÓN TEMPORAL / MUSEO DEL TELÉGRAFO

Del 25 de abril al 26 de mayo, 2019.

Abanicos, sombreros y lienzos revisten la majestuosidad del Museo del Telégrafo en cada intervención cuidadosamente trabajada con el fin de liberar un cúmulo de sensaciones inconmensurables.

EL LIENZO Y EL TIEMPO es una muestra sin par. El exquisito entramado de las obras que la componen, extiende su vínculo una detrás de la otra, como eslabones engarzados que forman una cadena de mensajes dirigidos al espectador itinerante.

Los objetos cuidadosamente intervenidos, son un deleite visual que custodian a su lienzo. El sombrero, despliega su ala que coquetea al ritmo del seductor abanico. Ambos fascinan, uno al otro. El primero exhibe su colorido en la espera de arrebatar la atención del segundo.

La rítmica compañía de las intervenciones nos recuerdan aquellos tiempos en los que la gente, a la vieja usanza, portaba como símbolo de elegancia, galanura e incluso flirteo, sombreros y abanicos que atraían la mirada constante de los gentíos.

Ambos, capelo y flabelo, que coinciden con la temporalidad, paradójicamente han transitado hacia la atemporalidad. La frescura intrínseca del abanico en su movimiento constante y el arrojo del sombrero delicadamente estático pertenecen sólo al momento que los reúne, para procurar un soplo de añoranza que hoy pretende asomarse a través del LIENZO Y EL TIEMPO.

El gran vigía de esta puesta es el tiempo mismo, testigo del encuentro entre tres cuerpos que en el absurdo de la inercia dan vida al movimiento, al que tantas veces Dalí evidenció en sus obras. EL LIENZO Y EL TIEMPO es una exposición presumida, altiva y  confiada; sin dudas, escasa de temores. Es un reconocimiento a la elegancia y distinción de quien se deja llevar por su cálida secuencia.

Mtro. Fernando Padilla
Curador y Muséografo
Mayo 2019

sábado, 29 de diciembre de 2018

Mateo Pineda / Reflejo de una mirada


Trazos impecables que delatan obsesión, colores intensos que se degradan con una aparente facilidad nata, composiciones diversas que registran la búsqueda de un estilo propio. Así es Mateo Pineda, un precursor del arte contemporáneo que ha llegado inclusive a luchar con sus propias turbaciones mentales para alcanzar una expresión muy particular.

El gran maestro Jazzamoart lo llama el joven Van Gogh, por el aspecto físico de ese hombre pelirrojo que también lo distingue de sus colegas artistas, sin saber quizá que  Mateo guarda ciertos episodios de su vida que lo asemejan aún más al artista Holandés.

Pineda es el guardián de una historia personal atrayente, su carrera comienza en su natal Honduras, a su arribo a la Ciudad de México hace mas de 13 años se encontró con una realidad atropellada que lo incitó al combate, y ante su reconocida obcecación, pocos años más tarde encontró colocarse entre los artistas favoritos de grandes galerías y coleccionistas de nuestro país, siempre con el compromiso de evolucionar a través del colorido, técnica y perfección pictórica. El maestro es un incesante “capturador” de rostros, en donde los ojos y bocas rompen con la pincelada ya acostumbrada, por lo tanto el espectador se ve obligado a ser observado por el lienzo, a veces retándolo y otras, envolviéndolo hasta la seducción.

Paradójicamente, Pineda no conoce la paciencia, en su día a día la intolerancia es parte de su personalidad, pero una vez frente a sus lienzos el artista se transforma, a ellos les dedica el tiempo obligado para que cada línea ocupe el lugar acertado, no importando cuantas horas le soliciten. Una vez sentado frente al caballete, al lado de un mezcal y en compañía Chabela Vargas, Mateo delinea y abate delicadamente colores con un brillo y esplendor únicos. Su don incomparable para jugar con escalas de grises, blancos y negros que erran de manera arrebatada a tonalidades opuestas es un juego policromático interminable.

En la mayoría de los casos, sus lienzos descuellan la belleza del rostro humano aunque ello no se restrinja a otras temáticas, sin embargo la maestría en el conocimiento de la expresión facial y su técnica le han concedido ese sello que lo caracterizan, y que permiten en un sentido casi automático,  reconocer “un Mateo” a varios metros de distancia.

Equilibrio, calidad artística y riqueza pictórica son sólo algunos de los atributos que representan la obra de Mateo, además de esa constante búsqueda por evolucionar que a la luz de su irreparable impaciencia, somos testigos de su constante perfeccionamiento profesional.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Enero 2019.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Ricardo Cruz Fuentes o la descontextualidad de lo mexicano

RICARDO CRUZ FUENTES / DISCURSO DE OBRA


A través del lenguaje artístico, el maestro Ricardo Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de nuestras costumbres sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica de la que hablamos, es un reto al pensamiento, espacio, tiempos, formas y lugares comunes.

La técnica por tanto, se imanta a la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para crear historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

Es así como el trabajo del maestro se reitera inesperado. El humor, la alegría y en ciertos casos la ironía, nos obligan al desapego de lo ya conocido en cualquiera de sus contextos; aunque paradójicamente nos evoque a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, eso que tanto nos atrae y nos define a través de la pertenencia.

Cruz Fuentes suele comentar que no aprendió a pintar inspirado por alguien, al parecer prefirió no referenciar su obra con otros artistas, únicamente decidió por iniciativa propia, dedicar su tiempo al estudio, también de manera autoinstruida, a través de libros extraídos de bibliotecas y documentales con los cuales se apoderó del conocimiento sobre la pintura, el dibujo, la anatomía dinámica, la teoría del color y diversidad de técnicas.

El sello del artista entonces, se presume en las formas del autodidacta que en el acto de aprender por uno mismo se inmersa en el mundo de la soledad para convocar al aprendizaje y derribar los obstáculos de lo desconocido. Así fue como logró reducir su paleta de colores al máximo, de tal manera que sus óleos son por demás contrastantes, marca indiscutible de su trabajo y personalidad. Visceral al conducir sus manos sobre la madera en la que pinta, pero cauto en el detalle, Cruz Fuentes es radical, extremo y en ocasiones testarudo, quizá por eso es que admira la visión de Picasso sobre el arte, más no su obra, como él bien lo señala.

En este mismo sentido, Ricardo autodefine en su manufactura un fino galanteo del impresionismo que adquiere ciertos elementos en la “hechura” de su obra que “retrata” el momento, con el expresionismo que asume un fondo conceptual vinculado a la reinterpretación de la escena, aunado a las emociones y sentimientos que emanan de ella.

La evolución pictórica del maestro es incuestionable en dos vertientes: en la temática, que evade una constante de tristezas y desánimos quizá producto de vivencias propias del pasado y que son reemplazada por escenarios rítmicos, frescos, y alegres; y en la técnica, que en la actualidad se percibe ante un claro perfeccionamiento del trazo y manejo del óleo, inclusive en las plastas y grosor que imprime en sus creaciones.

Es obvio que su continua maduración hoy presenta una factura de calidad indiscutible, la misma que proyecta en su personalidad una vez que nos da permiso de entrar en su mundo, el cual por cierto, es una fuente de sensibilidad hacia familiares, amigos y toda persona que admire su obra. De hecho no es casualidad que el artista nos conecte de manera involuntaria al terreno de la caridad en donde él se involucra constantemente para beneficiar a quienes se encuentran en contextos de vulnerabilidad.

Al parecer Cruz Fuentes seguirá pintando la mexicanidad vista desde distintos ángulos, y aquellos que tengamos la oportunidad de seguir su carrera, daremos testimonio de la tenacidad y fortaleza de un artista que persiste en llevar muy a su estilo, el nombre de México. 

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.

lunes, 13 de agosto de 2018

Artista Ana Elisa Benavent / Textos Curatorial y de catálogo / Exposición Cicatrices


ANA ELISA BENAVENT / DISCURSO DE OBRA
Texto curatorial exposición “Cicatrices” / 6-30 septiembre 2018

Como si cada capa de fino acrílico simulara su andar, esa suave mano define un colorido que flota cadenciosamente en la faena artística que sublima un sutil contraste entre un manto y otro, sin perder aún por instantes, la narrativa de infinitas historias y conversaciones visuales que no solicitan traducción alguna, en tanto se conoce la poesía intitulada en cada una de sus obras.

A través de la manipulación del color, Ana Elisa Benavent desliza tonalidades perlinas que fluyen irracionalmente a intensidades que exigen mayor compromiso. Las diversidad de gradaciones, son para ella emociones que despliegan una gama cromática de ruidos conmovedores. Benavent se autodefine temerosa de los amarillos y verdes, ella no conoce siquiera el porqué, aun así, se atreve sigilosa de vez en cuando a liberar un par de trazos liados a estos matices casi imposible de encontrar en su paleta. No así con los rojos, morados y azules, los que por años han sido invitados de honor al caballete, amables y pacientes compañeros de dolor, sinsabores y también en otros momentos, alegrías y regocijos.

Cicatrices es la sintonía a la cual Ana Elisa Benavent se advierte determinante e invita sin esfuerzos a disfrutar de una secuencia artística en donde el color remplaza a las formas en un ritmo grácil. Con ello, la paleta y sus pinceles concilian movimientos que se traducen en huellas pertenecientes al tiempo, que si bien se disimulan ante el ojo humano a primera vista, basta sólo un par de segundos de contemplación para distinguir las distintas láminas que se desprenden y aparentan profundidades variadas.

En su obra se generan pláticas de por sí inusuales. Con talante maduro, fuerte y cautivador, Ana Elisa desea que el observador inhale, en esta muestra, la experiencia artística a través de su propio filtro, ese que no entiende de razón sino de emoción, y con ello recrear un vínculo sensorial entre ella, la obra y quien la observa.

Benavent se entiende leal, perfeccionista, perseverante y analítica, de ahí que en cada exposición pictórica dice sentirse desnuda frente a ese espejo que refleja su pasado, presente y futuro.

Mtro. Fernando Padilla.
Curador.
Agosto 2018.

viernes, 3 de agosto de 2018

Texto curatorial / Exposición Mexicanidades Descontectualizadas del maestro Ricardo Cruz Fuentes

A través del lenguaje artístico, Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de las diversas actividades culturales sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica Mexicanidades Descontextualizadas, es un reto al pensamiento, espacios, tiempos, formas y lugares comunes.


La técnica por tanto, se vuelve un espejo de la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles en cada obra, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser en el arte contemporáneo, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para erigir historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

El recorrido de esta colección es inesperado, el humor, la ironía y el desapego a lo ya conocido en cualquiera de sus contextos nos evoca paradójicamente a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, de ese factor sorpresivo que nos atrae y que por siglos nos ha definido en un mismo lenguaje y que nos da sentido de pertenencia.

En definitiva, nada es común en esta sala, ni tú, ni el artista, ni su obra. Quizá por ello se revela en esa constelación de color y alegría la identificación del artista con su obra y de ésta con su público. ¿Qué es lo común?...

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Julio 2018.