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martes, 12 de enero de 2021

Kharlo Nivis / Texto Catálogo MEAM

 

Kharlo Nivis 

 

Creador nato y con estudios profundos e independientes sobre distintas técnicas de pintura, Kharlo Nivis destaca en sus obras un desfile de matices, texturas y cromatía gélida en la que predominan las escalas de grises, azules y cadmios. Su inspiración no se apoya en otros artistas, como suele suceder, Nivis encuentra su musa en las panorámicas islandesas que plagan atmósferas melancólicas y silenciosas.

 

El maestro Nivis se autodefine como introvertido, serio y un tanto taciturno. Sus emociones tienen lectura en cada uno de sus lienzos; desconoce otros caminos para exteriorizar sus sentimientos, si no es a través de la pintura, es por ello que la temática recurrente de su trabajo transita por los senderos de un mundo callado y alicaído.

 

Kharlo es incansable buscador de la perfección. Su quehacer artístico le consume la mayor parte del jornal con el claro propósito de refinar cada composición creada, más aún, cuando se trata de la corriente pictórica que ha elegido alcanzar, el hiperrealismo.

 

Tanto por la calidad de su obra, como por su pasión por el arte, Kharlo Nivis es una gran promesa. Entre sus logros se encuentran exposiciones colectivas museísticas en la CDMX, subastas a beneficio de grandes causas además de participar en exposiciones privadas nacionales e internacionales.

 

Mtro. Fernando Padilla 

Gestor de arte

Enero 2021

jueves, 16 de enero de 2020

Texto Curatorial / Memorias de una Línea / Francisco Diego y Elisa Salas


EXPOSICIÓN MEMORIAS DE UNA LÍNEA
Elisa Salas y Francisco Diego. 
Museo Galería Torre del Reloj.

Memorias de una línea es el encuentro de dos artistas que ejecutan esencialmente y de manera intrínseca, estrías del alfabeto dentro de su obra. Elisa echa mano de la caligrafía para disponer composición a su trabajo, en donde además de moldear formas visuales logra transmitir emociones auténticas al puro estilo del Intimismo francés. Representando ya de por sí, encuentros y desencuentros cotidianos entre los seres humanos quienes usamos sortear temas ineludibles como la soledad, el desamor y la fe.

Francisco, por su parte, utiliza esos trazos para cortejar su obra. Cada poema que cifra es compañero obligatorio de su arte. La obra comienza de forma irremediable con párrafos que describen las pasiones del artista, y una vez terminados, se impone ante el papel para bocetar aquello que terminará también siendo un camino entrelazado de finas líneas.

Los caligramas de Salas responden al futuro del pasado, pues acarician los sueños de los poetas malditos y la poesía visual del siglo XX, cuyo principio podría haber sido el darle a la palabra un lugar en el espacio que pudiera pesarse y analizarse con maneras rítmicas y materiales.

Los caligramas de Diego se leen en las rasgos de los personajes que los sustentan, en todo caso sutil, en cada expresión hay inexpresividad, lo que convierte a sus bronces en enigmas por resolver o en representaciones que no corresponden a la razón sino al corazón.

En definitiva, memorias de una línea contempla el trabajo sistemático de dos creadores que no han bastado su misión en el trazo del pincel sino que han profundizado en lo más hondo y básico del lenguaje para comunicar todo aquello que custodia su obra.

Después de todo, ¿Cómo podría haber caligrafía sin orden o principio lineal?

 Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Diciembre 2019.

lunes, 28 de octubre de 2019

Seducción pictórica en la obra de Ahmed Montes


Sencillo, tenaz, de condición infatigable. Con personalidad reservada y ciertas tinturas seductoras que aun sin propósito, las transpira al reflejarse él mismo en el espejo de sus lienzos. De temperamento ilegible, siempre sonriente y optimista, emerge de su trabajo una ofrenda a vivos y muertos, bajo la técnica al temple tan estudiada por su maestro Luis Nishizawa.

Ahmed parecería no significar ni sus propios recuerdos, el pasado inmediato le resulta intrascendente, opta por abrazar al presente, no así en la temática de su obra en donde ahí, concreta la tradición de sus ancestros, en ese pasado ya estudiado por años y que recrea con una fidelidad extraordinaria.

De igual forma, Ahmed Montes posee un conocimiento profundo del cuerpo humano, particularmente el femenino. Al respecto, se antoja a veces obsesiva su mira por perfeccionarlo cada vez que salpica el lienzo, y de la mano, también el erotismo que se convierte en parte de su nomenclatura temática.

Sus habilidades pictóricas lo han llevado a obtener la admiración de reconocidos artistas. El maestro Benjamín Domínguez avistó en Ahmed una capacidad de traducir la luz en finos rayos que prometen volumen y textura. De ahí que su obra es cuidadosamente trabajada bajo intensidades lumínicas excepcionales.

El maestro Montes hurga en la cromaticidad sin vergüenzas, igual transita del color radiante que a los grises en claroscuros sobre un realismo aproximado a la perfección, recurrentemente bajo el uso de diversas técnicas, que peregrinan por la alquimia y se detienen en aquellas que la modernidad hoy induce.

Montes es un apasionado de los lienzos pero más aún, un amante empedernido de los muros. Se le suele ver sobre andamios por eternas madrugadas, desfigurado por la intensidad de la luz favorecida por focos incandescentes, al tiempo que sorbe calmo su tibio café que lo mantiene despabilado y atento a cada uno de sus trazos.

Ahmed Montes no es un artista creado, es un verdadero creador comprometido con su pasión, quien además despliega identidad nata. Indiscutiblemente, el maestro, concentra el don que lo acompaña para el disfrute de sus admiradores, de una manera auténtica, sin pretensiones extremas ni egolatrías mal infundadas, inclusive, Ahmed suele sonrojarse ante la adulación de su persona o de su prodigioso trabajo.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Octubre 2019.