lunes, 10 de febrero de 2020

Algunas consideraciones sobre la gestión del arte en México.



La gestión del arte como actividad profesional, aún se encuentra en una fase embrionaria en nuestro país, que si bien, no exige un conocimiento profundo de la historia del arte, sí está estrechamente vinculada, por lo que se sugiere la constante preparación e investigación sobre ella para aquel interesado en ingresar a este entorno. Cabe señalar que países como Colombia, Argentina y Estados Unidos, nos llevan años de adelanto en actividades relacionadas a la museografía, curaduría y demás temas que se relacionan a los quehaceres del gestor.

A pesar de ello, la gestión del arte no es una actividad reciente, simplemente no se había nombrado de esa manera sino hasta el siglo pasado. Desde el siglo XVI los nobles y la Iglesia dejaban a personas el encargo y cuidado de sus obras, quienes al lado de los artistas se dedicaban a conservarlas y colocarlas en los lugares propicios para el disfrute personal de sus patronos.

Posteriormente, con la existencia de los museos, se hizo necesaria la presencia de personal encargado del cuidado y exhibición de objetos expositivos u obras de arte. Este proceso ha exigido una serie de transformaciones en donde también la tecnología ha sido parte del esquema.

En nuestros días, dada la imperiosa necesidad de ciertos grupos por diversificar el arte y popularizarlo en museos, galerías y espacios públicos, estos se han convertido en un área de oportunidad para aquellos que gestionan el arte. Las ciudades enteras se han trasformado en grandes sitios de promoción y difusión públicos que además de acercar a la gente al mundo del arte, difunden el conocimiento de manera gratuita, bastaría mencionar las exposiciones que se observan en parques y avenidas principales de grandes ciudades en donde los curadores no necesariamente precisaron estudios estrictos en historia del arte, pero que sí han explorado sobre ella para lograr la armonía y lógica expositiva inclusive, en estas zonas.

Por lo tanto, es importante señalar que la gestión del arte consiste en desplegar habilidades que en general todos podemos desarrollar, incluso dentro de nuestros propios ambientes de trabajo y que no necesariamente están vinculados al arte. Evidentemente una vez que se conocen los principios de ésta, habrá que prepararse y relacionar nuestras actividades con el conocimiento nuevo, que como se mencionó anteriormente, implica estudio diario para la “masterización” de habilidades.

Una de las grandes destrezas que indiscutiblemente debe desarrollar el gestor de arte es la imaginación y creación, no basta recrear, también es importante adecuarse a los tiempos y necesidades de la esfera en donde se lleva a cabo la actividad. En este sentido es primordial diferenciar el lugar o país en el que estamos trabajando para difundir o vender arte. Para ello debemos conocer los usos y costumbres del lugar en cuestión, para lograr un trabajo exitoso y de impacto para las distintas sociedades.

Dicho lo anterior, estamos en un momento en donde la gestión del arte es un campo aún explorable con áreas de oportunidad inmensas difíciles de desaprovechar para aquellos que se sienten atraídos por el arte y sus actividades adyacentes.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Febrero 2020.

jueves, 16 de enero de 2020

Texto Curatorial / Memorias de una Línea / Francisco Diego y Elisa Salas


EXPOSICIÓN MEMORIAS DE UNA LÍNEA
Elisa Salas y Francisco Diego. 
Museo Galería Torre del Reloj.

Memorias de una línea es el encuentro de dos artistas que ejecutan esencialmente y de manera intrínseca, estrías del alfabeto dentro de su obra. Elisa echa mano de la caligrafía para disponer composición a su trabajo, en donde además de moldear formas visuales logra transmitir emociones auténticas al puro estilo del Intimismo francés. Representando ya de por sí, encuentros y desencuentros cotidianos entre los seres humanos quienes usamos sortear temas ineludibles como la soledad, el desamor y la fe.

Francisco, por su parte, utiliza esos trazos para cortejar su obra. Cada poema que cifra es compañero obligatorio de su arte. La obra comienza de forma irremediable con párrafos que describen las pasiones del artista, y una vez terminados, se impone ante el papel para bocetar aquello que terminará también siendo un camino entrelazado de finas líneas.

Los caligramas de Salas responden al futuro del pasado, pues acarician los sueños de los poetas malditos y la poesía visual del siglo XX, cuyo principio podría haber sido el darle a la palabra un lugar en el espacio que pudiera pesarse y analizarse con maneras rítmicas y materiales.

Los caligramas de Diego se leen en las rasgos de los personajes que los sustentan, en todo caso sutil, en cada expresión hay inexpresividad, lo que convierte a sus bronces en enigmas por resolver o en representaciones que no corresponden a la razón sino al corazón.

En definitiva, memorias de una línea contempla el trabajo sistemático de dos creadores que no han bastado su misión en el trazo del pincel sino que han profundizado en lo más hondo y básico del lenguaje para comunicar todo aquello que custodia su obra.

Después de todo, ¿Cómo podría haber caligrafía sin orden o principio lineal?

 Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Diciembre 2019.

lunes, 28 de octubre de 2019

Seducción pictórica en la obra de Ahmed Montes


Sencillo, tenaz, de condición infatigable. Con personalidad reservada y ciertas tinturas seductoras que aun sin propósito, las transpira al reflejarse él mismo en el espejo de sus lienzos. De temperamento ilegible, siempre sonriente y optimista, emerge de su trabajo una ofrenda a vivos y muertos, bajo la técnica al temple tan estudiada por su maestro Luis Nishizawa.

Ahmed parecería no significar ni sus propios recuerdos, el pasado inmediato le resulta intrascendente, opta por abrazar al presente, no así en la temática de su obra en donde ahí, concreta la tradición de sus ancestros, en ese pasado ya estudiado por años y que recrea con una fidelidad extraordinaria.

De igual forma, Ahmed Montes posee un conocimiento profundo del cuerpo humano, particularmente el femenino. Al respecto, se antoja a veces obsesiva su mira por perfeccionarlo cada vez que salpica el lienzo, y de la mano, también el erotismo que se convierte en parte de su nomenclatura temática.

Sus habilidades pictóricas lo han llevado a obtener la admiración de reconocidos artistas. El maestro Benjamín Domínguez avistó en Ahmed una capacidad de traducir la luz en finos rayos que prometen volumen y textura. De ahí que su obra es cuidadosamente trabajada bajo intensidades lumínicas excepcionales.

El maestro Montes hurga en la cromaticidad sin vergüenzas, igual transita del color radiante que a los grises en claroscuros sobre un realismo aproximado a la perfección, recurrentemente bajo el uso de diversas técnicas, que peregrinan por la alquimia y se detienen en aquellas que la modernidad hoy induce.

Montes es un apasionado de los lienzos pero más aún, un amante empedernido de los muros. Se le suele ver sobre andamios por eternas madrugadas, desfigurado por la intensidad de la luz favorecida por focos incandescentes, al tiempo que sorbe calmo su tibio café que lo mantiene despabilado y atento a cada uno de sus trazos.

Ahmed Montes no es un artista creado, es un verdadero creador comprometido con su pasión, quien además despliega identidad nata. Indiscutiblemente, el maestro, concentra el don que lo acompaña para el disfrute de sus admiradores, de una manera auténtica, sin pretensiones extremas ni egolatrías mal infundadas, inclusive, Ahmed suele sonrojarse ante la adulación de su persona o de su prodigioso trabajo.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Octubre 2019.

martes, 16 de julio de 2019

Texto curatorial / Exposición Dulce Bilis del artista Francisco Diego


Texto curatorial, Exposición "Dulce Bilis" del artista Francisco Diego.
Museo de los Conspiradores.

Del 5 de julio al 25 de agosto del 2019 / Querétaro. Qro.



Dulce Bilis es el resultado de la búsqueda del ser auténtico. Es la provocación de la anomalía. Es decir, aquello que generamos unos sobre otros al romper las reglas y estándares de lo que parece normal o lo que obliga al deber ser. La autenticidad de lo hecho que antoja sensaciones de incomodidad y que nos precisa a salir inevitablemente de zonas de bienestar. 

Aquello con lo que nos identificamos, eso que quizá  se adjetiva normal y que enardece al otro. Es la ira causada por acciones o pensamientos que no coinciden con los demás.
Acciones normales en las escalas de valores de unos que desconciertan a otros que habitan el mundo regido por la sublimación de lo socialmente inexcusable.

Así es Dulce Bilis, la contradicción de la frase misma, la dulzura del elixir amargo transformado en el placer que se dispara en el instante que surge a la respuesta de la otredad que pertenece a la falsedad de lo aprendido. 

Francisco Diego representa en su obra la complejidad emocional de esos instantes mediante líneas que no se borran, cuestionando así el sentido de bondad o maldad que descansa un sentimiento, ausente de rasgos y carente de una edad específica basado en elementos corporales ajenos que denotan la atemporalidad de las pasiones,  ideas e ideales.

Mtro. Fernando Padilla.
Curador.
Julio 2019.

miércoles, 15 de mayo de 2019

Exposición El lienzo y el tiempo / Museo del telégrafo


EL LIENZO Y EL TIEMPO / EXPOSICIÓN TEMPORAL / MUSEO DEL TELÉGRAFO

Del 25 de abril al 26 de mayo, 2019.

Abanicos, sombreros y lienzos revisten la majestuosidad del Museo del Telégrafo en cada intervención cuidadosamente trabajada con el fin de liberar un cúmulo de sensaciones inconmensurables.

EL LIENZO Y EL TIEMPO es una muestra sin par. El exquisito entramado de las obras que la componen, extiende su vínculo una detrás de la otra, como eslabones engarzados que forman una cadena de mensajes dirigidos al espectador itinerante.

Los objetos cuidadosamente intervenidos, son un deleite visual que custodian a su lienzo. El sombrero, despliega su ala que coquetea al ritmo del seductor abanico. Ambos fascinan, uno al otro. El primero exhibe su colorido en la espera de arrebatar la atención del segundo.

La rítmica compañía de las intervenciones nos recuerdan aquellos tiempos en los que la gente, a la vieja usanza, portaba como símbolo de elegancia, galanura e incluso flirteo, sombreros y abanicos que atraían la mirada constante de los gentíos.

Ambos, capelo y flabelo, que coinciden con la temporalidad, paradójicamente han transitado hacia la atemporalidad. La frescura intrínseca del abanico en su movimiento constante y el arrojo del sombrero delicadamente estático pertenecen sólo al momento que los reúne, para procurar un soplo de añoranza que hoy pretende asomarse a través del LIENZO Y EL TIEMPO.

El gran vigía de esta puesta es el tiempo mismo, testigo del encuentro entre tres cuerpos que en el absurdo de la inercia dan vida al movimiento, al que tantas veces Dalí evidenció en sus obras. EL LIENZO Y EL TIEMPO es una exposición presumida, altiva y  confiada; sin dudas, escasa de temores. Es un reconocimiento a la elegancia y distinción de quien se deja llevar por su cálida secuencia.

Mtro. Fernando Padilla
Curador y Muséografo
Mayo 2019

sábado, 29 de diciembre de 2018

Mateo Pineda / Reflejo de una mirada


Trazos impecables que delatan obsesión, colores intensos que se degradan con una aparente facilidad nata, composiciones diversas que registran la búsqueda de un estilo propio. Así es Mateo Pineda, un precursor del arte contemporáneo que ha llegado inclusive a luchar con sus propias turbaciones mentales para alcanzar una expresión muy particular.

El gran maestro Jazzamoart lo llama el joven Van Gogh, por el aspecto físico de ese hombre pelirrojo que también lo distingue de sus colegas artistas, sin saber quizá que  Mateo guarda ciertos episodios de su vida que lo asemejan aún más al artista Holandés.

Pineda es el guardián de una historia personal atrayente, su carrera comienza en su natal Honduras, a su arribo a la Ciudad de México hace mas de 13 años se encontró con una realidad atropellada que lo incitó al combate, y ante su reconocida obcecación, pocos años más tarde encontró colocarse entre los artistas favoritos de grandes galerías y coleccionistas de nuestro país, siempre con el compromiso de evolucionar a través del colorido, técnica y perfección pictórica. El maestro es un incesante “capturador” de rostros, en donde los ojos y bocas rompen con la pincelada ya acostumbrada, por lo tanto el espectador se ve obligado a ser observado por el lienzo, a veces retándolo y otras, envolviéndolo hasta la seducción.

Paradójicamente, Pineda no conoce la paciencia, en su día a día la intolerancia es parte de su personalidad, pero una vez frente a sus lienzos el artista se transforma, a ellos les dedica el tiempo obligado para que cada línea ocupe el lugar acertado, no importando cuantas horas le soliciten. Una vez sentado frente al caballete, al lado de un mezcal y en compañía Chabela Vargas, Mateo delinea y abate delicadamente colores con un brillo y esplendor únicos. Su don incomparable para jugar con escalas de grises, blancos y negros que erran de manera arrebatada a tonalidades opuestas es un juego policromático interminable.

En la mayoría de los casos, sus lienzos descuellan la belleza del rostro humano aunque ello no se restrinja a otras temáticas, sin embargo la maestría en el conocimiento de la expresión facial y su técnica le han concedido ese sello que lo caracterizan, y que permiten en un sentido casi automático,  reconocer “un Mateo” a varios metros de distancia.

Equilibrio, calidad artística y riqueza pictórica son sólo algunos de los atributos que representan la obra de Mateo, además de esa constante búsqueda por evolucionar que a la luz de su irreparable impaciencia, somos testigos de su constante perfeccionamiento profesional.

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Enero 2019.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Ricardo Cruz Fuentes o la descontextualidad de lo mexicano

RICARDO CRUZ FUENTES / DISCURSO DE OBRA


A través del lenguaje artístico, el maestro Ricardo Cruz Fuentes nos embarca en un inigualable viaje sobre la diversidad cultural mexicana de una manera poco habitual. El artista se atreve a desafiar la cotidianidad de nuestras costumbres sin temor a ser cuestionado. La expresión pictórica de la que hablamos, es un reto al pensamiento, espacio, tiempos, formas y lugares comunes.

La técnica por tanto, se imanta a la temática, es decir, también está lejos de ser ordinaria. El uso nulo de pinceles, rompe los esquemas de paradigmas conceptuales del deber ser, los dedos empapados de óleo hacen las veces de herramientas que en repetidas ocasiones los artistas utilizan para crear historias y efectos visuales sobre sus creaciones.

Es así como el trabajo del maestro se reitera inesperado. El humor, la alegría y en ciertos casos la ironía, nos obligan al desapego de lo ya conocido en cualquiera de sus contextos; aunque paradójicamente nos evoque a la cotidianidad de lo mexicano, de lo nuestro, eso que tanto nos atrae y nos define a través de la pertenencia.

Cruz Fuentes suele comentar que no aprendió a pintar inspirado por alguien, al parecer prefirió no referenciar su obra con otros artistas, únicamente decidió por iniciativa propia, dedicar su tiempo al estudio, también de manera autoinstruida, a través de libros extraídos de bibliotecas y documentales con los cuales se apoderó del conocimiento sobre la pintura, el dibujo, la anatomía dinámica, la teoría del color y diversidad de técnicas.

El sello del artista entonces, se presume en las formas del autodidacta que en el acto de aprender por uno mismo se inmersa en el mundo de la soledad para convocar al aprendizaje y derribar los obstáculos de lo desconocido. Así fue como logró reducir su paleta de colores al máximo, de tal manera que sus óleos son por demás contrastantes, marca indiscutible de su trabajo y personalidad. Visceral al conducir sus manos sobre la madera en la que pinta, pero cauto en el detalle, Cruz Fuentes es radical, extremo y en ocasiones testarudo, quizá por eso es que admira la visión de Picasso sobre el arte, más no su obra, como él bien lo señala.

En este mismo sentido, Ricardo autodefine en su manufactura un fino galanteo del impresionismo que adquiere ciertos elementos en la “hechura” de su obra que “retrata” el momento, con el expresionismo que asume un fondo conceptual vinculado a la reinterpretación de la escena, aunado a las emociones y sentimientos que emanan de ella.

La evolución pictórica del maestro es incuestionable en dos vertientes: en la temática, que evade una constante de tristezas y desánimos quizá producto de vivencias propias del pasado y que son reemplazada por escenarios rítmicos, frescos, y alegres; y en la técnica, que en la actualidad se percibe ante un claro perfeccionamiento del trazo y manejo del óleo, inclusive en las plastas y grosor que imprime en sus creaciones.

Es obvio que su continua maduración hoy presenta una factura de calidad indiscutible, la misma que proyecta en su personalidad una vez que nos da permiso de entrar en su mundo, el cual por cierto, es una fuente de sensibilidad hacia familiares, amigos y toda persona que admire su obra. De hecho no es casualidad que el artista nos conecte de manera involuntaria al terreno de la caridad en donde él se involucra constantemente para beneficiar a quienes se encuentran en contextos de vulnerabilidad.

Al parecer Cruz Fuentes seguirá pintando la mexicanidad vista desde distintos ángulos, y aquellos que tengamos la oportunidad de seguir su carrera, daremos testimonio de la tenacidad y fortaleza de un artista que persiste en llevar muy a su estilo, el nombre de México. 

Mtro. Fernando Padilla.
Gestor de arte.
Septiembre 2018.